El Secretario General de la IE critica el Índice de Capital Humano del Banco Mundial

En la víspera de la publicación del Índice de Capital Humano (ICH) del Banco Mundial, David Edwards, Secretario General de la Internacional de la Educación, critica la nueva métrica mundial.

El ICH mide la contribución de la salud y la educación a la productividad de la próxima generación de trabajadores y trabajadoras. Según el Banco Mundial, los países pueden utilizar este índice para evaluar la cantidad de ingresos a los que están renunciando debido a las brechas de capital humano y cómo pueden convertir estas pérdidas en beneficios si actúan ahora.

Mañana, el Banco Mundial publicará los datos del ICH y celebrará una «Cumbre sobre el Capital Humano» durante sus Reuniones Anuales en Mangupura, Bali. El Banco y otros ponentes de alto nivel publicarán un llamamiento de acción mundial a los países para que nutran su capital humano y «realicen inversiones en salud y educación centradas en las personas».

Perjudica el ODS4

«En el mejor de los casos lo veo como una distracción inoportuna del gran esfuerzo que se está realizando en los países y las regiones para garantizar y monitorizar una financiación previsible, equitativa y sostenible dentro del marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)», sostiene Edwards. «En el peor de los casos lo veo como una nueva iniciativa sin sentido de Washington que podría llegar a perjudicar los esfuerzos de la comunidad educativa mundial para alcanzar la educación de calidad para todos».

La IE siempre ha instado a los gobiernos a asignar más fondos a la educación. El personal docente es muy consciente de la importancia de contar con sistemas de educación pública que dispongan de una financiación y unos recursos adecuados para mejorar la calidad y la equidad educativas. Sin embargo, según el Secretario General de la IE, la creación de esta nueva métrica plantea numerosos problemas. 

En su blog (disponible aquí), Edwards destaca tres razones por las cuales el índice perjudica más que contribuye a los esfuerzos de la comunidad educativa mundial para alcanzar la educación para todos.

Un enfoque erróneo

Edwards cree que en lugar de adoptar un enfoque basado en derechos con respecto de la educación, el índice se centra en el argumento económico de que los gobiernos deberían invertir en educación simplemente por su rentabilidad financiera. Según Edwards: «Al describirlos como potencial humano, se reduce a los trabajadores a una mera mercancía» y «al describirla como un medio para formar trabajadores productivos, se reduce la educación a una contribución a la prosperidad económica».

No cooperación con respecto de los datos disponibles sobre la educación

En segundo lugar, destaca el poco sentido que tiene invertir esfuerzos y recursos en recopilaciones de datos ya creadas por otros. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ya dispone de un índice de desarrollo humano y el Instituto de Estadísticas de la UNESCO (la organización con el mandato de realizar un seguimiento del ODS4) ya lleva varios años trabajando en un método sofisticado para que los datos sobre la educación sean comparables entre países.

Problemas de las métricas de aprendizaje internacionales

Por último, Edwards nos recuerda las consecuencias involuntarias potenciales de elaborar un índice de este tipo. Una clasificación de países basada en los resultados de los exámenes podría conducir a políticas centradas en conseguir  mejoras apresuradas en los exámenes estandarizados en lugar de políticas centradas en mejorar de manera sostenible la enseñanza y el aprendizaje. 

Una advertencia

La crítica de Edwards de que el ICH «es el mismo perro con distinto collar» sirve como advertencia a los defensores del ICH. En cualquier caso, queda por comprobar si el índice tiene algún impacto en la financiación de la educación. Lo que sí está claro es que el discurso del Banco Mundial sobre el capital humano daña el concepto de la educación como un derecho humano y un bien público.

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