Los estudiantes y el cambio climático, una lección de ciudadanía del mundo - por David Edwards

La movilización de los y las estudiantes en relación con el cambio climático es un enérgico llamamiento a la democracia en beneficio del planeta. Es un rechazo a los “negadores del cambio climático”, pero también al inmovilismo y que la situación continúe como si no pasara nada. Su éxito final dependerá de que la movilización alcance una mayor magnitud y allane el paso de la protesta a la política, al tiempo que vincula las bajas emisiones de carbono con el progreso en materia de igualdad, justicia social y derechos.

Democracia 

 

Varias encuestas y estudios de la última década muestran que la democracia goza cada vez de menos apoyentre los/las jóvenes, así como un creciente cinismo con respecto a la política y los responsables políticos en democracias ya consolidadas. La sensación de que las elecciones carecen de importancia y que los que realmente mandan no han pasado por las urnas ha preparado un terreno fértil para el autoritarismo. 

 

Son los jóvenes quienes han aupado significativamente los puntajes electorales de los partidos de extrema derecha en Austria, Alemania y Francia. Son los jóvenes quienes ayudaron a elegir al presidente Rodrigo Duterte en Filipinas. Sin embargo, en Estados Unidos, aun cuando quedó muy claro que la tentación autoritaria jugó un papel en las elecciones de 2016, las encuestas muestran quedesde la elección del presidente Trump, la actitud de los jóvenes está cambiando a favor de la democracia.

 

La movilización de los/las jóvenes sobre el cambio climático es una señal saludable para el presente y el futuro de la democracia. Si estuviera paralizada por el cinismo o la apatía, no actuaría colectivamente ni saldría a la calle para exigir a los líderes electos que actúen. 

 

Para que una democracia funcione adecuadamente necesita un mínimo de respeto por la verdad. Con sus marchas, los/las estudiantes rechazan a los “negadores del cambio climático”, incluyendo al presidente de Estados Unidos. La capacidad para separar la verdad de la opinión no es innata, especialmente en la era de Internet. Queda claro que los/las estudiantes que marchan unidos, hombro con hombro, no se engañan. Y, como escribió George Orwell: “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. 

 

De la protesta a la política 

 

El líder estadounidense de los derechos civiles, Bayard Rustin, organizador de la Marcha sobre Washington en 1963, escribió un ensayo después de esta histórica marcha, “De la protesta a la política”. Rustin aseguraba que, pese a haberse logrado avanzar mediante manifestaciones, sentadas y otras acciones directas, el movimiento sólo podía continuar y desarrollarse a través del ejercicio del gobiernoDejó escrito que, en el curso de esa lucha efectiva, bien que compleja, lo que quedaba claro es que “todos estos problemas interrelacionados, no pueden, por su propia naturaleza, solucionarse a través de esfuerzos voluntarios y privados, sino que requieren el ejercicio del gobierno, o política”. 

 

El movimiento estudiantil abocado a salvar al planeta del cambio climático parece haber aparecido repentina y espontáneamente. Las redes sociales permitieron que se movilizaran rápidamente. Sin embargo, la experiencia muestra que tales movilizaciones también pueden desaparecer con la misma rapidezQue nadie se llame a engaño pensando que las respuestas positivas recibidas de un amplio espectro de líderes políticos significan la victoria. 

 

La movilización necesita, al igual que el movimiento por los derechos civiles lo necesita de una manera u otra, continuar. Un ejemplo de los/las jóvenes que han allanado el paso de la protesta a la acción política fue la “Marcha por nuestras vidas”, organizada por los jóvenes contra la violencia con armas de fuego en Estados Unidos tras los asesinatos en Parkland, Florida. Esa marcha, que comenzó en Washington, DC y se propagó a casi 1000 lugares, se centró en el registro de votantes de los/las jóvenes. Ese esfuerzo contribuyó al resultado de las elecciones parciales de 2018: votó un 47% más de jóvenes que en 2014. 

En lo que se refiere al cambio climático, algunos de los desafíos que plantea la interconexión de la protesta con la política son: 

 

  • La necesidad de superar el dogma del mercado, que ha dominado la política pública durante décadas. El mercado por sí solo nunca resolverá el cambio climático, promover únicamente las “soluciones de mercado” es una enorme irresponsabilidad por parte de los gobiernos

  • Se requiere una política industrial/de inversióndel mismo modo que se necesita para cualquier esfuerzo importante, trátese de una guerra, una crisis económica, la lucha contra el VIH/SIDA, o la exploración espacial;

  • Algunos líderes políticos están empezando a responder. Un buen ejemplo es el “Nuevo Acuerdo Verde” propuesto en Estados Unidos, mismo que, sea adoptado o no, obliga a entablar una discusión y ayudará a apoyar la movilización de los/las estudiantes;

  • Se requieren medidas sociales para amortiguar el impacto de los cambios estructurales en el empleo relacionados con el cambio climático. Los esfuerzos a favor de una “transición justa”, vinculados con la política industrial, deben incluir altas normas del trabajo y su cumplimiento para garantizar que los trabajadores/as tengan el derecho de organizarse y negociar colectivamente en todos los ámbitos económicos. Perder el empleo no significa perder su representación. Los nuevos empleos también deberán tener futuro para los trabajadores/as; y

  • Un número creciente de “refugiados climáticos” se ven obligados a abandonar su país de origen. Aun cuando los gobiernos redujeran las emisiones de carbono, a corto y mediano plazo muchos millones de refugiados deberán ser alojados e integrados y sus derechos deberán garantizarse en otros países. Esta realidad significa que la persistente explotación política del miedo a los “extranjeros” deberá contenerse y revertirse 

 

Educación 

 

La educación de calidad es fundamental para hacer frente al cambio climático y a sus repercusiones. Significa apoyar la democracia desarrollando todas aquellas competencias, incluyendo el pensamiento crítico, que hagan posible una ciudadanía activa, así como una ciudadanía del mundo 

 

Sin embargo, una educación sólida y de calidad es de vital importancia no solamente para colmar el déficit de democracia. Para frenar y controlar el cambio climático, los/las estudiantes de hoy deberán adaptarse al cambio del empleo en un mundo cambiante, lo que requiere una respuesta más allá de un entrenamiento limitado de competencias y habilidades. Una concepción estrecha de la educación que la limita a aprobar exámenes estandarizados ya está convirtiéndose en un obstáculo en el mundo real. Cada persona necesita aprender a aprender, a desarrollar su creatividad, la confianza en sí misma y a adquirir una capacidad profunda, y no solamente superficial, de pensamiento y juicio para poder hacer frente al cambio y aprovecharlo

 

Deberá prestarse mayor atención al aprendizaje permanente, pero de una calidad y alcance que vaya mucho más allá de lo que hemos logrado hasta ahora. Parte de este aprendizaje a lo largo de la vida se hará en instituciones educativas y parte será desarrollado por los interlocutores sociales y otras instancias, pero todo deberá ser de calidad e integral 

 

Conclusión 

 

En una época en que un número tan importante de personas se aleja de la política y está perdiendo el sentido de comunidad, es demasiado fácil renunciar a la gobernanza. 

 

La movilización mundial de los/las estudiantes sobre el cambio climático representa una gran esperanza para la democracia; una democracia que promoverá la igualdad, la justicia social y la protección del medio ambiente. 

 

Hacer descender las emisiones de carbono puede significar la supervivencia de la humanidad, pero para aquellos que sobrevivan, una vida digna y la justicia deben ir a la par de esta lucha. 

Si este movimiento estudiantil pudiera continuar ampliarse, y si pudiera organizarse y estructurarse en la sociedad civil, incluso en los partidos políticos, podría convertirse en el catalizador de una transformación radical para las personas y para el planeta. 

 

En tanto que docentes, sindicalistas y ciudadanos que luchan por una educación integral en pos de sociedades decentes, del bienestar y del proceso democrático, contribuiremos a cumplir esta misión. 


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David Edwards

David Edwards es Secretario general de la Internacional de la Educacion.

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