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#jovenesdocentes “Únete al mundo de la enseñanza, merece la pena”, por Anette Sandvaer (UEN, Noruega).

Prepárate. Esta va a ser una historia estimulante sobre por qué deberías entrar en el mundo de la docencia. Además, con un poco de suerte te inspirará para convertirte en un sindicalista activo. Y para aquellos que abandonaron la docencia, espero poder convencerlos de volver al mundo mágico de educar a la humanidad.

Entrar en la profesión: ajústense los cinturones, es un camino abrupto… aunque luego mejora

Recuerdo que mis dos primeros años de docente en Noruega fueron agobiantes: me encontré con enormes responsabilidades, dudando de mí misma y cuestionándome si hacía las cosas como es debido, esforzándome por dedicar suficiente tiempo a todos los alumnos en clase, a un ritmo frenético. Me sentía estresada y no conseguía responder a millones de expectativas provenientes de mí misma, de los niños y de sus padres. Lo mejor –y al mismo tiempo lo más irritante– era que todos los docentes que conocí estaban siempre sonrientes y se mostraban super agradables con todo el mundo, y yo quería realmente ser así.

Con el tiempo, fui adquiriendo más confianza, no tenía que echarme a dormir cada día después del trabajo, incluso empecé a disfrutarlo. Comprendí que el hecho de cuestionarme continuamente lo que estaba haciendo era lo adecuado y que estaba logrando progresos. Me atreví a pedir más ayuda a mis superiores y a otros docentes más experimentados. Cada día que pasaba con los niños resultaba gratificante. Realmente adoraba a “mis niños” y ellos me devolvían el mismo cariño. Todo un cliché, ¿verdad?

Y en cuanto a esos otros docentes, siempre sonrientes, descubrí su secreto… es muy simple: basta con no dejar que el mal humor se interponga en el camino de la educación de las futuras generaciones. Por otro lado, los niños sonríen y se ríen con mucha más facilidad que los adultos, y ese buen humor llega a contagiarse. Ese constituye ya el mejor argumento a favor de la docencia.

¿A dónde me llevó la docencia?

Muchos afirman que la docencia es una forma de vida, una lente a través de la cual se contempla el mundo (más metáforas en camino). La docencia realmente me aportó una vida más interesante. Por ejemplo, me llevó a enseñar noruego durante un campamento de verano en Minnesota, parte del programa americano de inmersión Concordia Language Villages. Con un reducido grupo de niños, recibí una formación práctica respecto a lo que funciona y lo que no. Rápidamente comprendí que la variación, el juego y el aprendizaje activo son lo que mejor funciona. Ningún libro puede enseñar los resultados de una actividad de aprendizaje en forma de sonrisas, muecas y lenguaje corporal. Por si acaso no lo habían escuchado antes: la práctica hace al maestro. Insistir en ello puede resultar aburrido, ¡pero es tan cierto!

A la larga, la docencia me encaminó al mundo sindical, donde acabo de empezar mi labor. En mi sindicato busco soluciones a los desafíos que afrontan nuevos y jóvenes docentes, como yo misma. Intento además asegurarme de que los docentes puedan desarrollar su trabajo en las mejores circunstancias posibles (tal como prometí, es una historia estimulante).

Por qué merece realmente la pena

El futuro no resulta muy prometedor en cuanto a conseguir contar con suficientes docentes cualificados a nivel mundial. En Noruega, demasiados abandonan la enseñanza en los cinco primeros años para buscar otro empleo. Entre 30 y 40.000 docentes han abandonado ya la profesión en Noruega. Como resultado de ello, ahora es necesario recurrir a personal no cualificado para enseñar en el 10% de las clases de primaria.

Como muchos otros, me encontré totalmente sola durante gran parte de los primeros años como docente, y debería haber contado con más apoyo, orientación y formación. Y cada año, las expectativas aumentan en cuanto a lo que los docentes deberían saber y hacer.

Entonces, ¿por qué continué en la enseñanza? En resumen, por los niños (¡sorpresa!), pero también por ese entorno único que crea la escuela. Tuve un jefe dispuesto a dedicarme tiempo (algo muy de agradecer), conté con un sindicato que trabajó bien con mi escuela y, lo que es más importante, mis primeros años me hicieron reflexionar sobre lo que son y deberían ser la escuela y la docencia.

Durante ese período, constaté lo importante que era yo para los niños, y como representante de juventud del sindicato, también aprendí sobre mis derechos, nuestros derechos colectivos en el mundo del trabajo, y sobre el sistema tripartito en acción. Además, en tanto que joven sindicalista, ayudé asimismo a otros docentes que también pensaban siempre en “sus niños”. Y, sobre todo, aticé el fuego que ardía en mi interior, la llama para involucrarme aún más (última metáfora… ¡prometido!)

Para garantizar que los docentes en general consigan desplegar su magia en las aulas, hay muchos factores que deben estar presentes. Pero no se preocupen, junto a otros sindicalistas estamos trabajando para sentar las bases.

No resulta fácil convertirse en uno de esos docentes felices, pero tú puedes lograrlo. Tienes que encontrar tu propio camino, atreverte a pedir ayuda, adquirir cierta experiencia práctica y estar preparado para fracasar en el intento – más de una vez. Tómate el tiempo necesario para reconocer lo que la enseñanza realmente significa para ti. En tanto que docente, realmente puedes marcar la diferencia, pequeña pero esencial en nuestro gran mundo. No muchos profesionales pueden decir otro tanto.

Ahí tienes la receta para una vida llena de sentido, con multitud de sonrisas incluidas. Así pues, sal ahí fuera y lánzate a enseñar. ¡Cuentas desde ya con mi apoyo!  

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El tema del Día Mundial de los Docentes de 2019 es "Los jóvenes docentes: El futuro de la profesión". Para celebrar la ocasión, estamos lanzando una mini-serie de blogs que presentan las voces y experiencias de los jóvenes profesores y del personal de apoyo a la educación. Esta es una oportunidad de escuchar directamente a los jóvenes profesionales de la educación y a los jóvenes sindicalistas y descubrir sus historias: qué los atrajo a la profesión, los desafíos a los que se enfrentan y sus planes para el futuro.

Si eres un joven profesor o personal de apoyo a la educación, o si te has incorporado recientemente a la profesión, no dudes en contribuir a la serie y hacer que se escuche tu voz. Por favor, póngase en contacto con Sonia en Sonia.grigt@ei-ie.org.


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Anette Sandvær

Anette, 32 años, es maestra de educación elemental en Oslo, Noruega. Lleva siete años enseñando a niños con edades comprendidas entre los 10 y los 13. Es representante de la juventud en su sindicato local (UEN) y miembro del Partido Laborista Noruego. 

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